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Enfermedades intrahospitalarias

Los médicos, con las "manos limpias"

Fuente: Diario La Nación - 16/05/12
Por Fabiola Czubaj
"Para evitar las enfermedades intrahospitalarias"

Con sólo usar agua y jabón o alcohol en gel antes y después de tener contacto con un paciente y su entorno, el personal de la salud puede reducir hasta un 40% las infecciones intrahospitalarias. Sin embargo, el lavado de manos, una práctica tan simple como preventiva, todavía encuentra resistencia en los hospitales del mundo.

Pero una intervención muy sencilla diseñada en nuestro país y puesta a prueba en poco más de una decena de unidades de terapia intensiva demostró que en apenas siete meses es posible aumentar del 57 al 75% el cumplimiento de esta medida básica de higiene, que en el mundo por ahora no supera el 40% de adeptos.

"Creemos haber encontrado una intervención basada en la evidencia, económica y efectiva, que se puede replicar en la región. Por ahora, vamos a replicarla en las provincias", dijo el doctor Ezequiel García Elorrio, director del Departamento de Calidad en Atención Médica y Seguridad del Paciente del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS).

Junto con la licenciada Carolina Giuffré, ex presidenta de la Asociación Argentina de Enfermeros en Control de Infecciones (Adeci), dirigió durante dos años esta experiencia inédita con una intervención multimodal para mejorar la higiene de las manos de los médicos, las enfermeras y los kinesiólogos de 11 terapias intensivas de hospitales metropolitanos.

El trabajo, realizado con apoyo de la OMS, alcanzó finalmente a un total de 348 profesionales. En una primera etapa, los investigadores seleccionaron a un grupo de "observadores anónimos" de los centros intervinientes que registraron con qué frecuencia y en qué situaciones sus colegas se higienizaban las manos.

La OMS recomienda hacerlo en cinco momentos: antes y después del contacto con un paciente, aun cuando sólo se trate de tomarle el pulso o medirle la presión; luego de tocar o rozar secreciones; antes de realizar algún procedimiento aséptico, como la colocación de un catéter, una sonda o un drenaje, y después del contacto con el entorno del paciente, como las sábanas u otras superficies.

Eso reduce la transmisión de gérmenes causantes de infecciones y otros daños a los pacientes. Muchos de esos microorganismos ya son resistentes a los tratamientos disponibles. "Comprobamos que en promedio el 57% cumplía con la recomendación al inicio del estudio", precisó García Elorrio. El rango de adhesión inicial era de entre el 40 y el 70%, por encima del rango mundial que registra la OMS.

Luego, un equipo especializado en seguridad de los pacientes diseñó una intervención destinada a los 348 profesionales. La estrategia incluyó la distribución de recordatorios de bolsillo, recorridas hospitalarias periódicas de las autoridades médicas para repasar las situaciones del lavado de manos, y el registro y la difusión interna del desempeño de los equipos, entre otras medidas.

"Aunque parezca mentira, el lavado de manos es un tema complejo aquí y en el mundo. Por eso, la OMS realiza una campaña mundial desde 2004", explicó la licenciada Silvia Margalejo Raffin, que preside la Adeci, institución que certifica a los enfermeros en el control de infecciones. "Tiene mucho que ver que sea una práctica que se ha perdido a nivel social y cultural", agregó.

En los últimos siete meses, una nueva ronda de observaciones directas, ocho en total, sorprendió con sus resultados: la mejoría fue de por lo menos un 20% (en algunos hospitales llegó al 95%).

"En la teoría, nadie duda de la efectividad del lavado de manos. Entonces, la pregunta es por qué una medida de probada efectividad cuesta tanto aplicarla", planteó Giuffré, enfermera especializada en control de infecciones del Hospital Británico y directora de la Campaña Nacional del Lavado de Manos de Adeci.

A su pregunta, algunos profesionales respondieron que no tenían tiempo para lavarse las manos, mientras que otros minimizaron su impacto o mencionaron que carecían de los insumos necesarios. "Con una pileta cada 10 camas, es más difícil que la usen antes y después de atender a cada paciente. En cambio -explicó Giuffré-, si hay una sustancia alcohólica al lado de la cama de cada paciente, todo es más sencillo."

Se estima que un enfermero demora un minuto para lavarse las manos con agua y un jabón antiséptico, comparado con 20 segundos cuando usa alcohol en gel. Según coincidieron las especialistas de Adeci, ya son pocas las excepciones en las que hay que usar agua y jabón, una combinación que además es más costosa que las sustancias alcohólicas. "La intervención tuvo mucha adhesión y el mérito es que es sustentable en el tiempo. En los controles vimos que se mantenía el nivel de cumplimiento", precisó Margalejo Raffin. Las estadísticas internacionales revelan que ningún hospital tiene el 100% de cumplimiento sostenido del lavado de manos (los centros más importantes alcanzan el 80 o 90%). "Nadie deja de lavarse las manos para lastimar a otros -señaló García Elorrio-. Para cambiar la cultura de una organización se necesita motivación. Las enfermeras, por ejemplo, necesitan higienizarse las manos decenas de veces por día. Y esto demanda un hábito muy exigente."

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